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viernes, 19 de abril de 2013

¿Estás seguro de tu salvación?





El problema de la “SEGURIDAD”


Querido amigo de “Dial Daily Bread”*,

¿Puede algún ser humano tener la seguridad de su salvación eterna y personal? La contestación normal suele ser “Sí”, pero la gente a menudo pasa por alto la triste realidad de que en el juicio final Jesús dice: “Muchos me dirán en aquel día: Señor, Señor... y entonces yo les declararé: Nunca os conocí: apartaos de mí" (Mateo 7:22, 23). ¡Algo extremadamente triste está yendo mal! Estas personas se han auto engañado, y la fe que pensaban que era real resultó ser una falsificación, ya que no habían "obrado" obedientemente los mandamientos de Dios.

Así que, ¿cómo podemos resolver este problema de “seguridad”? Diciendo: “¡Me siento bien! Eso demuestra que estoy seguro de mi salvación eterna”, podría ser prueba de un trágico error. Por otro lado, temer y preocuparse constantemente no es el plan de Dios tampoco. Algunas ideas que pueden apuntar hacia una respuesta son las siguientes:
  1. Hay algo que merece nuestra atención más importante que nuestra propia salvación personal, y es el éxito de Cristo en la gran controversia con Satanás. Cuando nuestro interés se centra en Él, en su obra y en su éxito, nuestra preocupación centrada en el yo y nuestro miedo desaparecen.

  2. Si tratas de basar tu “seguridad” en tu propia fe, tu obediencia, tus obras, etc., siempre te estarás preguntando si tienes suficiente “fe” u “obras” u “obediencia”. El foco de tu interés y preocupación seguirá siendo el yo, no importa si utilizas terminología piadosa. El resultado inevitable es una de estas dos cosas: la arrogancia espiritual (“Yo soy rico… y no tengo necesidad de nada”, Apo. 3:17) o el desaliento espiritual (“Me gustaría ser lo suficientemente bueno para ir al cielo”).

  3. Incluso si nosotros dijéramos la frase correcta: “Mi seguridad está en Cristo”, nuestra afirmación “en Él” no tiene valor si la evidencia de estar “en Cristo” falta en la vida. No hay conflicto entre “fe y obras”. La verdadera fe se demuestra por las obras, las cuales deben verse en el día del juicio; no nos salvan, pero prueban que nuestra fe es genuina.

  4. Nuestra seguridad real es, por tanto, lo que Cristo hizo por la raza humana. Somos“justificados por su sangre” (Rom. 5:9) que fue derramada en la cruz. Él nos escogió para ser salvos eternamente, "nos ha elegido", y quiere que "todos los hombres sean salvos." Tendrás que confesar, si eres salvo finalmente, que tu salvación se debe a la iniciativa de Dios.

¿Te estás resistiendo a su voluntad? ¿Interpones una voluntad rebelde en contra de él? ¿Resistes a las convicciones de pecado del Espíritu Santo? Gracias a Dios por enviar a Jesús para morir tu segunda muerte, para salvar tu alma. Deja que su Espíritu te guíe en los caminos de la obediencia. Deja de preocuparte por ti mismo.


*Dial Daily Bread es una página web y un blog donde están publicados en inglés reflexiones del Pr. Robert J. Wielahnd (www.dialdailybread.blogspot.com). Puedes leer algunos de estos artículos traducidos al español en:http://www.libros1888.com/mdv.htm



Fuente: http://dialdailybread.blogspot.com/2011/12/problem-of-assurance.html

jueves, 18 de abril de 2013

LA ESPERANZA DE LA SEGUNDA VENIDA



"El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús. "(Apoc. 22: 20). 

La venida del Señor ha sido en todo tiempo la esperanza de sus verdaderos discípulos. La promesa que hizo el Salvador al despedirse en el Monte de las Olivas, de que volvería, iluminó el porvenir de sus discípulos al llenar sus corazones de una alegría y una esperanza que las penas no podían apagar ni las pruebas disminuir. Entre los sufrimientos y las persecuciones, "la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo" era la "esperanza bienaventurada". Cuando los cristianos de Tesalónica, agobiados por el dolor, enterraban a sus amados que habían esperado vivir hasta ser testigos de la venida del Señor, Pablo, su maestro, les recordaba la resurrección, que había de verificarse cuando viniese el Señor. Entonces los que hubiesen muerto en Cristo resucitarían, y juntamente con los vivos serían arrebatados para recibir a Cristo en el aire." "Y así "-dijo-" estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras" (1 Tes. 4: 16-18). . .

Desde la cárcel, la hoguera y el patíbulo, donde los santos y los mártires dieron testimonio de la verdad, llega hasta nosotros a través de los siglos la expresión de su fe y esperanza. Estando "seguros de la resurrección personal de Cristo, y, por consiguiente, de la suya propia, a la venida de Aquel -como dice uno de estos cristianos-, ellos despreciaban la muerte y la superaban" (Daniel T. Taylor, The Reign of Christ on Earth or the Voice of the Church in all Ages, pág. 33). Estaban dispuestos a bajar a la tumba, a fin de que pudiesen "resucitar libertados". Esperaban al "Señor que debía venir del cielo entre las nubes con la gloria de su Padre", "trayendo para los justos el reino eterno". Los valdenses acariciaban la misma fe. Wiclef aguardaba la aparición del Redentor como la esperanza de la iglesia (Id., págs. 54, 129-134).

En la isla peñascosa de Patmos, el discípulo amado oyó la promesa: "Ciertamente vengo en breve". "Ciertamente vengo en breve". Y su anhelante respuesta expresa la oración que la iglesia exhaló durante toda su peregrinación: ¡"Ven, Señor Jesús"! ¡"Ven, Señor Jesús"! (Apoc. 22: 20).11 


Maranatha, Ellen G. White