
Desde que el pecado entró en el mundo, el hombre perdió su relación de paz con Dios, y sufre de odio, tristeza, temor, agitación, egoísmo, violencia, incredulidad, orgullo y desequilibrio. Este es el fruto de haber perdido la presencia del Espíritu Santo en el corazón. Por muchos intentos que hagamos, no podemos alcanzar la verdadera paz y alegría para nuestra vida sin Él. Es sólo Dios quien puede volver a llenar ese vacío que hay en nosotros.
Los hombres buscan la paz interior
La historia está plagada de ejemplos donde el hombre intenta conseguir la paz sin tener en cuenta a Dios. Actualmente, el hombre sigue en esa búsqueda desesperada de paz interior, sin darse cuenta que en realidad la solución está fuera de él. Y a pesar de que no tenemos paz en nosotros, ni la podemos conseguir por nosotros mismos, los hombres siguen tratando de buscarla, una y otra vez, en filosofías, creencias, religiones o corrientes psicológicas donde se les dice que la solución está en el interior. Es por este motivo que nunca terminan de encontrarla, ya que la verdadera, únicamente se obtiene por medio de Dios.
