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viernes, 24 de mayo de 2013

LA PROFECÍA DE ELÍAS



"He aquí, yo os envío el profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición"." (Mal. 4: 5, 6).

Los que deben preparar el camino para la segunda venida de Cristo están representados por el fiel Elías, así como Juan vino en el espíritu de Elías a fin de preparar el camino para la primera venida de Cristo. (Nota: T3, 62.)

La obra de Juan el Bautista, y la de aquellos que en los últimos días saldrán con el espíritu y el poder de Elías para despertar a la gente de su apatía, en muchos sentidos es la misma. Su obra es la clase de obra que debe hacerse en este tiempo. Cristo vendrá por segunda vez a juzgar al mundo con justicia. (Nota: SW, 21-3-1905.)

Juan se apartó de sus amigos y de los lujos de esta vida. La sencillez de su vestimenta: Una túnica tejida con pelos de camello, era una permanente reprensión a la extravagancia y la ostentación de los sacerdotes judíos y del pueblo en general. Su alimentación, totalmente vegetariana, compuesta por algarrobas y miel silvestre, era una reprensión a la complacencia del apetito y la gula que prevalecían en todas partes. . . Se debe agitar el gran tema de la reforma y despertar la conciencia pública. Debe relacionarse con el mensaje la temperancia en todas las cosas, para apartar al pueblo de Dios de su idolatría, su gula y su extravagancia en el vestir y en otras cosas.

La abnegación, la humildad y la temperancia requeridas de los justos, a quienes Dios conduce y bendice especialmente, deben presentarse a la gente en contraste con la extravagancia y los hábitos destructores de la salud de los que viven en esta época degenerada. Dios ha mostrado que la reforma sanitaria está tan íntimamente relacionada con el mensaje del tercer ángel como la mano con el cuerpo. (Nota: T3, 62.)

Tal como Juan el Bautista al preparar a la gente para la primera venida de Cristo llamaba su atención a los Diez Mandamientos, nosotros debemos dar este mensaje no con un sonido incierto: "Temed a. Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado"Temed a. Dios, y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado" (Apoc. 14: 7). Con el fervor que caracterizaban a Elías el profeta y a Juan el Bautista, debemos luchar para preparar el camino de la segunda venida de Cristo.


Maranatha, Ellen White

lunes, 20 de mayo de 2013

El Deseado




EN EL corazón de todos los seres humanos, sin distinción de raza o posición social, hay un indecible anhelo de algo que ahora no poseen. Este anhelo es implantado en la misma constitución del hombre por un Dios misericordioso, para que el hombre no se sienta satisfecho con su presente condición, sea mala o buena. Dios desea que el ser humano busque lo mejor, y lo halle en el bien eterno de su alma.



En vano procuran los hombres satisfacer este deseo con los placeres, las riquezas, la comodidad, la fama, o el poder. Los que tratan de hacerlo, descubren que estas cosas hartan los sentidos, pero dejan el alma tan vacía y desconforme como antes.




Es el designio de Dios que este anhelo del corazón humano guíe hacia el único que es capaz de satisfacerlo. Es un deseo de ese Ser, capaz de guiar a él, la plenitud y el cumplimiento de ese deseo. Esa plenitud se halla en Jesucristo, el Hijo del Dios eterno, "Porque plugo al Padre que la plenitud de todo residiese en él;" "Porque en él habita toda la plenitud de la divinidad corporalmente." Y es también verdad que "vosotros estáis completos en él" con respecto a todo deseo divinamente implantado y normalmente seguido. El profeta Ageo llama con justicia a Cristo "el Deseado de todas las gentes".



Ellen White






jueves, 16 de mayo de 2013

El zarandeo dentro de la iglesia


Ser miembro de iglesia no garantiza la salvación
Es una solemne declaración la que hago a la iglesia, de que ni uno de cada veinte de aquellos cuyos nombres están registrados en los libros de la iglesia se halla preparado para terminar su historia terrenal, y que estaría tan ciertamente sin Dios y sin esperanza en el mundo como el pecador común.-SC 52 (1893).
Aquellos que han tenido oportunidades de oír y recibir la verdad y que se han unido a la Iglesia Adventista del Séptimo Día, llamándose el pueblo de Dios que guarda los mandamientos, y que sin embargo no poseen más vitalidad ni consagración a Dios que las iglesias nominales, recibirán las plagas de Dios tan ciertamente como las iglesias que se oponen a la ley divina.-19MR 176 (1898).

La paja separada del trigo
En la iglesia ocurrirán divisiones. Se formarán dos grupos. El trigo y la cizaña crecerán juntos hasta el Momento de la cosecha.-2MS 130 (1896).
Habrá un zarandeo del cedazo. A su tiempo la paja debe ser separada del trigo. Debido a que la iniquidad abunda, el amor de muchos se ha enfriado. Es precisamente el tiempo cuando lo genuino será lo más fuerte .Carta 46, 1887.
La historia de la rebelión de Datán y Abiram se está repitiendo y se repetirá hasta el fin del tiempo. ¿Quiénes estarán del lado del Señor? ¿Quiénes serán engañados y a su vez se convertirán en engañadores?-Carta 15, 1892.
El Señor viene pronto. En cada iglesia debe haber un proceso de purificación y de zarandeo, porque entre nosotros hay hombres impíos que no aman la verdad ni honran a Dios.-RH Marzo 19, 1895.
Estamos en el tiempo del zarandeo, en el tiempo en que todo lo que puede ser sacudido será sacudido. El Señor no disculpará a los que conocen la verdad y no obedecen a sus órdenes en palabras y acciones.-2JT 547-548 (1900).


martes, 14 de mayo de 2013

Cristo, El canal de Gracia Salvadora


Porque en él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad.(Colosenses 2: 9).


Por su humanidad, Cristo tocaba a la humanidad; por su divinidad, se asía del trono de Dios. Como Hijo del hombre, nos dio un ejemplo de obediencia; como Hijo de Dios, nos imparte poder para obedecer. . .Al condescender a tomar sobre sí la humanidad, Cristo reveló un carácter opuesto al carácter de Satanás . . .Cristo fue tratado como nosotros merecemos a fin de que nosotros pudiésemos ser tratados como El merece. Fue condenado por nuestros pecados, en los que no había participado, a fin de que nosotros pudiésemos ser justificados por su justicia, en la cual no habíamos participado. El sufrió la muerte nuestra, a fin de que pudiésemos recibir la vida suya. "Por su llaga fuimos nosotros curados" (Isaías 53: 5).

Por su vida y su muerte, Cristo logró aún más que restaurar lo que el pecado había arruinado. Era el propósito de Satanás conseguir una eterna separación entre Dios y el hombre; pero en Cristo llegamos a estar más íntimamente unidos a Dios que si nunca hubiésemos pecado. Al tomar nuestra naturaleza, el Salvador se vinculó con la humanidad por un vínculo que nunca se ha de romper. A través de las edades eternas, queda ligado con nosotros... Para asegurarnos los beneficios de su inmutable consejo de paz, Dios dio a su Hijo unigénito para que llegase a ser miembro de la familia humana, y retuviese para siempre su naturaleza humana . . .
Dios adoptó la naturaleza humana en la persona de su Hijo, y la llevó al más alto cielo. Es "el Hijo del hombre" quien comparte el trono del universo. Es "el Hijo del hombre" cuyo nombre será llamado: "Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Príncipe de Paz" (Isaías 9: 6) 
En Cristo, la familia de la tierra y la familia del cielo están ligadas. Cristo glorificado es nuestro hermano. El cielo está incorporado en la humanidad, y la humanidad, envuelta en el seno del Amor Infinito . . .
Por medio de la obra redentora de Cristo, el gobierno de Dios queda justificado. El Omnipotente es dado a conocer como el Dios de amor. Las acusaciones de Satanás quedan refutadas y su carácter desenmascarado. La rebelión no podrá nunca volverse a levantar. El pecado no podrá nunca volver a entrar en el universo. A través de las edades eternas, todos estarán seguros contra la apostasía. Por el sacrificio abnegado del amor, los habitantes de la tierra y del cielo quedarán ligados a su Creador con vínculos de unión indisoluble.
La obra de la redención estará completa. Donde el pecado abundó, sobreabundó la gracia de Dios . . . Nuestro pequeño mundo, que es bajo la maldición del pecado la única mancha oscura de su gloriosa creación, será honrado por encima de todos los demás mundos en el universo de Dios.


El Deseado de todas las gentes, págs. 16-18. 38

domingo, 12 de mayo de 2013

Biblioteca Cristiana Adventista 2011 (BCA 2011) - Biblia, Comentario Bíblico Adventista, Diccionario y Espíritu de Profecía



Desarrollador: jovenes-cristianos.com

Nombre del Software: Biblioteca Cristiana Adventista 2011

Descripción:
"Biblioteca Cristiana Adventista 2011" (BCA 2011) es una potente herramienta de estudio e investigación, que te permitirá acceder, leer y buscar contenido entre más de 150 libros comprendido en 4 grandes colecciones: elDiccionario Bíblico Adventista, el Comentario Bíblico Adventista, la Biblia Reina Valera 1960, y los 64 libros del Espíritu de Profecía.
Este Software es gratuito, y funciona en sistemas operativos 32 y 64 bits. 


CARACTERÍSTICAS:
  • Busca rápidamente entre más de 150 libros, repartidos en 4 colecciones.
  • Realiza búsquedas por raiz semántica. Por ejemplo, buscando "salvación", el motor devolverá resultados para "salvados" "salvo" "salvé".
  • Potente motor de búsqueda inteligente. El motor de búsqueda se adapta para darte los mejores resultados. De esta forma, podrás encontrar muy facilmente todos los documentos que hablen sobre un tema específico.
  • Acceso fácil a los contenidos. Podrás navegar por las colecciones desde el panel izquierdo, y acceder a los capítulos con un simple click.

COLECCIONES:
  • Diccionario Bíblico Adventista (A-Z)
  • Biblia Reina Valera 1960
  • Comentario Bíblico Adventista (7 Tomos)
  • Libros del Espíritu de Profecía (66 Libros)




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martes, 7 de mayo de 2013

¿TE ATREVERÁS A SER DIFERENTE?


Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. (1 Ped. 2: 9).



La advertencia de que el Hijo del hombre pronto aparecerá en las nubes del cielo, se ha convertido para muchos en un relato familiar. Han abandonado su postura expectante y vigilante. El espíritu egoísta y mundano que se manifiesta en la vida, revela los sentimientos del corazón: "Mi Señor se tarda en venir" . . .
El mismo espíritu de egoísmo y conformidad con las costumbres del mundo que existía en los días de Noé, se manifiesta en nuestros días. Muchos que profesan ser hijos de Dios se dedican a los asuntos mundanos con un entusiasmo que niega su profesión de fe. Estarán plantando y edificando, comprando y vendiendo, comiendo y bebiendo, casándose y dándose en casamiento, hasta el último momento de su tiempo de prueba. Esta es la condición de muchísimos de nuestros hermanos. Debido a que abunda la iniquidad, el amor de muchos se enfría. . .
Mi alma se apesadumbra cuando contemplo la tremenda falta de espiritualidad que se manifiesta entre nosotros. Las modas y costumbres del mundo, el orgullo, el amor a los entretenimientos, el amor a la ostentación, la extravagancia manifestada en la forma de vestir, en las casas, en las tierras adquiridas, todas estas cosas están drenando la tesorería del Señor, desviando hacia la gratificación del yo los medios que deberían ser empleados para enviar la luz de la verdad al mundo. Los propósitos egoístas tienen prioridad. . .
Los hijos de la luz y del día no deben amontonar en torno de ellos las sombras de la noche y las tinieblas que rodean a los obradores de iniquidad. Por el contrario, deben permanecer fielmente de pie en su puesto de deber, como portaluces, reuniendo la luz de Dios para proyectarla hacia los que están en tinieblas. El Señor requiere que su pueblo mantenga su integridad, sin tocar -es decir, sin imitar- las costumbres de los impíos.
Los cristianos deben ser en este mundo "nación santa, pueblo adquirido", para manifestar las alabanzas del que los llamó "de las tinieblas a su luz admirable".

Maranata, Ellen G. White


UN TIEMPO DE DECISIÓN


Escogeos hoy a quién sirváis. (Jos. 24: 15).


Hoy el mundo está loco: Una demencia se ha apoderado de hombres y mujeres, y los está precipitando hacia la ruina eterna. Prevalece toda clase de complacencia, y los hombres se han infatuado tanto con el vicio que no escuchan llamados ni amonestaciones.

El Señor dice a los habitantes de la tierra: "Escogeos hoy a quién sirváis". Todos están decidiendo ahora su destino eterno. Los hombres necesitan que se les haga comprender la solemnidad de la hora, la cercanía del día cuando terminará el tiempo de prueba. Dios no le da a nadie el mensaje de que pasarán cinco, diez o veinte años antes que termine la historia de esta tierra. No quiere dar excusa a ningún ser viviente para demorar la preparación para su advenimiento. No quiere que nadie diga, como el siervo infiel: "Mi Señor tarda en venir", pues esto conduce al temerario descuido de las oportunidades y los privilegios que se nos dan a fin de que nos preparemos para ese gran día. Todo aquel que pretende ser siervo de Dios, está llamado a prestar servicio como si cada día fuera el último . . .

Hablad de la pronta aparición del Hijo del hombre en las nubes del cielo con poder y gran gloria. No posterguéis aquel día. . .

Esta es la gran preocupación que cada cual debe sentir. ¿Están perdonados mis pecados? ¿Ha quitado mi culpa Cristo, el Portador del pecado? ¿Tengo yo un corazón limpio, purificado por la justicia de Cristo? ¡Ay del alma que no esté buscando refugio en Cristo! ¡Ay de los que de alguna manera apartan la mente de la obra e inducen a alguna alma a ser menos vigilante ahora. . .

La gran obra de la cual no debiéramos desviar nuestra mente consiste en averiguar cuál es nuestra situación personal frente a Dios. ¿Están asentados nuestros pies sobre la Roca de los siglos? ¿Nos estamos escondiendo en el único Refugio? La tormenta se avecina con furia implacable. ¿Estamos preparados para hacerle frente? ¿Somos uno con Cristo así como él es uno con el Padre? ¿Somos herederos de Dios y coherederos con Cristo?. . .

El carácter de Cristo debe ser el nuestro. Debemos ser transformados por la renovación de nuestro corazón. En esto consiste nuestra única seguridad. Nada puede separar a un cristiano viviente de Dios.


Ellen G. White, Maranatha



domingo, 5 de mayo de 2013

Falsas teorías acerca de Dios


     

  Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. Romanos 1:21     

                                       
La teoría según la cual Dios es una esencia inmanente en toda la naturaleza, es uno de los engaños más sutiles de Satanás. No presenta a Dios tal cual es y deshonra su grandeza y majestad. Las teorías panteístas no son confirmadas por la Palabra de Dios. La luz de la verdad enseña que esas teorías son agentes destructores del alma. Las tinieblas son su elemento y la sensualidad su esfera. Agradan al corazón natural y dan rienda suelta a las inclinaciones. El resultado de aceptarlas es la separación de Dios... 
Si Dios es una esencia inherente a toda la naturaleza, debe, pues, morar en todos los hombres, y para llegar a la santidad el hombre necesita tan sólo desarrollar el poder que está en él. 
Esas teorías desarrolladas hasta sus conclusiones lógicas suprimen completamente el cristianismo. Eximen de la necesidad de la redención, y hacen del hombre su propio salvador. Esas teorías referentes a Dios quitan toda eficacia a su Palabra, y los que las aceptan estarán expuestos al peligro de considerar finalmente toda la Biblia como un fábula. Pueden estimar que la virtud es mejor que el vicio; pero habiendo privado a Dios de su soberanía, ponen su confianza en la fuerza del hombre, la cual sin Dios no tiene valor. La voluntad humana abandonada a sí misma no tiene fuerza real para resistir al mal y vencerlo. Las defensas del alma son derribadas. El hombre no tiene más barreras contra el pecado. Una vez rechazadas las restricciones de la Palabra y del Espíritu de Dios, no sabemos hasta qué profundidad podemos caer. 
Los que persistan en esas teorías espiritualistas, arruinarán con seguridad su carrera cristiana. Se privarán de la comunión con Dios y perderán la vida eterna... 
Hay sólo un poder que puede sustraer los corazones de los hombres al imperio del mal: El poder de Dios en Cristo Jesús. Sólo por la sangre del Crucificado podemos purificarnos. Sólo su gracia puede hacernos capaces de resistir las tendencias de una naturaleza caída y subyugarlas. Y ese poder lo anulan las teorías espiritualistas referentes a Dios.


Maranatha, Ellen G. White


sábado, 4 de mayo de 2013

Tuercen las escrituras


      

Los indoctos e inconstantes tuercen... las... Escrituras, para su propia perdición. 2 Pedro 3:16


La teoría según la cual nada importa lo que los hombres creen, es uno de los engaños que más éxito da a Satanás. Bien sabe él que la verdad recibida con amor santifica el alma del que la recibe; de aquí que trate siempre de sustituirla con falsas teorías, con fábulas y con otro evangelio... 
Las interpretaciones vagas y fantásticas de las Santas Escrituras, así como las muchas teorías contradictorias respecto a la fe religiosa, que se advierten en el mundo cristiano, son obra de nuestro gran adversario, que trata así de confundir las mentes de suerte que no puedan descubrir la verdad. Y la discordia y la división que existen entre las iglesias de la cristiandad se deben en gran parte a la costumbre tan general de torcer el sentido de las Sagradas Escrituras con el fin de apoyar alguna doctrina favorita. En lugar de estudiar con esmero y con humildad de corazón la Palabra de Dios con el objeto de llegar al conocimiento de su voluntad, muchos procuran descubrir algo curioso y original. 
Con el fin de sostener doctrinas erróneas o prácticas anticristianas, hay quienes toman pasajes de la Sagrada Escritura aislados del contexto, no citan tal vez más que la mitad de un versículo para probar su idea, y dejan la segunda mitad que quizá hubiese probado todo lo contrario. Con la astucia de la serpiente se encastillan tras declaraciones sin ilación, entretejidas de manera que favorezcan sus deseos carnales. Es así como gran número de personas pervierten con propósito deliberado la Palabra de Dios. Otros, dotados de viva imaginación, toman figuras y símbolos de las Sagradas Escrituras y los interpretan según su capricho, sin parar mientes en que la Escritura declara ser su propio intérprete; y luego presentan sus extravagancias como enseñanzas de la Biblia. 
Siempre que uno se da al estudio de las Escrituras sin estar animado de un espíritu de oración y humildad, susceptible de recibir enseñanza, los pasajes más claros y sencillos, como los más difíciles, serán desviados de su verdadero sentido... 
La Palabra de Dios es clara para todos aquellos que la estudian con espíritu de oración. Toda alma verdaderamente sincera alcanzará la luz de la verdad

Maranatha, Ellen G. White


Una lucha portentosa


      


Es necesario obedecer a Dios antes que a los hombres. Hechos 5:29


Una gran crisis aguarda al pueblo de Dios. Una crisis aguarda al mundo. La lucha más portentosa de todas las edades está por producirse... Ha llegado a ser de interés e importancia nacional la cuestión de imponer la observancia del domingo.* Bien sabemos cuál será el resultado de este movimiento. ¿Estamos listos para la crisis? ¿Hemos cumplido fielmente el deber que Dios nos ha confiado, de advertir al pueblo acerca del peligro que le espera? ... 
Son muchos los que nunca han comprendido las obligaciones que impone el día de reposo bíblico ni el fundamento falso sobre el cual descansa la institución del domingo. Cualquier movimiento en favor de la legislación religiosa, es realmente una concesión al papado, que durante tantos siglos ha guerreado constantemente contra la libertad de conciencia. La observancia del domingo debe su existencia como supuesta institución cristiana al “misterio de iniquidad”; y su imposición será un reconocimiento virtual de los principios que constituyen la misma piedra angular del romanismo. Cuando nuestra nación abjure de tal manera de los principios de su gobierno que promulgue una ley dominical, en este acto el protestantismo dará la mano al papismo; y con ello recobrará vida la tiranía que durante largo tiempo ha estado aguardando ávidamente su oportunidad de resurgir en activo despotismo... 
Si por la legislación el papismo y sus principios vuelven a tener poder, se volverán a encender los fuegos de la persecución contra aquellos que no sacrifiquen su conciencia y la verdad en deferencia a los errores populares. Este mal está a punto de producirse. 
Cuando Dios nos ha dado una luz que revela los peligros que nos esperan, ¿cómo podemos ser inocentes a sus ojos si no hacemos todo esfuerzo posible para presentarla a la gente? ¿Podemos permitir que arrostre sin advertencia esta tremenda crisis? ... 
Cuando las leyes de los gobernantes terrenales se opongan a las leyes del Gobernante supremo del universo, entonces le serán fieles los que son leales súbditos de Dios.


Maranatha, Ellen G. White


viernes, 3 de mayo de 2013

Satanás redobla sus esfuerzos


      

El ángel de Jehová acampa alrededor de los que le temen, y los defiende. Salmos 34:7


La gran controversia entre Cristo y Satanás, sostenida desde hace cerca de seis mil años, está por terminar; y Satanás redobla sus esfuerzos para hacer fracasar la obra de Cristo en beneficio del hombre y para sujetar las almas en sus lazos. Su objeto consiste en tener sumido al pueblo en las tinieblas y en la impenitencia hasta que termine la obra mediadora del Salvador y no haya más sacrificio por el pecado. 
Cuando no se hace ningún esfuerzo especial para resistir a su poder, cuando la indiferencia predomina en la iglesia y en el mundo, Satanás está a su gusto, pues no corre peligro de perder a los que tiene cautivos y a merced suya. Pero cuando la atención de los hombres se fija en las cosas eternas y las almas se preguntan: “¿Qué debo yo hacer para ser salvo?” él está pronto para oponer su poder al de Cristo y para contrarrestar la influencia del Espíritu Santo... 
El poder y la malignidad de Satanás y de su hueste podrían alarmarnos con razón, si no fuera por el apoyo y la salvación que podemos encontrar en el poder superior de nuestro Redentor. Proveemos cuidadosamente nuestras casas con cerrojos y candados para proteger nuestros bienes y nuestras vidas contra los malvados; pero rara vez pensamos en los ángeles malos que tratan continuamente de llegar hasta nosotros, y contra cuyos ataques no contamos en nuestras propias fuerzas con ningún medio eficaz de defensa. Si se les dejara, nos trastornarían la razón, nos desquiciarían y torturarían el cuerpo, destruirían nuestras propiedades y nuestras vidas. Sólo se deleitan en el mal y en la destrucción. Terrible es la condición de los que resisten a las exigencias de Dios y ceden a las tentaciones de Satanás, hasta que Dios los abandona al poder de los espíritus malignos. Pero los que siguen a Cristo están siempre seguros bajo su protección. Angeles de gran poder son enviados del cielo para ampararlos. El maligno no puede forzar la guardia con que Dios tiene rodeado a su pueblo.


Maranatha, Ellen G. White


Dios guiará a su pueblo


      

 Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Isaías 43:2


      Dios tiene una iglesia en la tierra, que es su pueblo escogido, que guarda sus mandamientos. El está conduciendo, no ramas extraviadas, no uno aquí y otro allá, sino un pueblo.
      No hay motivo para dudar, ni temer que la obra fracase. Dios está al frente de ella y dirigirá todas las cosas. Si hay asuntos que necesitan enmienda en la dirección de la obra, Dios atenderá eso y corregirá los errores. Tengamos fe en que Dios conducirá el noble barco que lleva su pueblo hasta el puerto de seguridad.
      Mientras viajaba de Portland a Boston hace muchos años, se levanto una tormenta y las inmensas olas nos azotaban sin piedad. Los candelabros cayeron y los baúles rodaban de un lado a otro como pelotas. Los pasajeros estaban atemorizados y muchos gritaban temiendo perecer. 
       Despues de un rato el piloto subió a bordo. Mientras tomaba el timón, el capitán se puso en pie junto a él y expresó su temor en cuanto al rumbo del barco. “¿Quiere tomar el timón?” le preguntó el piloto. El capitán no estaba dispuesto a hacerlo porque sabía que le faltaba experiencia. Luego algunos pasajeros se pusieron nerviosos y expresaron su temor de que el piloto los iba a estrellar contra las rocas. “¿Quieren tomar el timón?” les preguntó el piloto. Pero ellos sabían que no podían hacerlo.
     Cuando penséis que la obra está en peligro, rogad: “Señor, toma el timón. Condúcenos a través de las perplejidades. Llévanos a salvo hasta el puerto”. ¿No tenemos acaso razones para creer que el Señor nos conducirá triunfalmente? ... 
      Con vuestra mente finita no podéis entender todas las providencias de Dios. Permitid que él dirija su obra.


Maranatha, Ellen G. White

jueves, 2 de mayo de 2013

El plan más eficaz para destruir nuestra fe


Mientras el pueblo de Dios se acerca a los peligros de los últimos días, Satanás sostiene diligentes consultas con sus ángeles acerca del plan más eficaz para destruir su fe. El ve que las iglesias populares ya están dormidas, arrulladas por su poder engañador. Mediante sus agradables sofismas y sus milagros mentirosos puede continuar teniéndolas bajo su dominio. Por lo tanto, dirige a sus ángeles para que coloquen las trampas especialmente destinadas a los que esperan la segunda venida de Cristo y se esfuerzan por guardar todos los mandamientos de Dios.

el plan de satanas, satanas y sus angeles


Dice el gran engañador: “Debemos vigilar a los que están llamando la atención de la gente al sábado de Jehová. Inducirán a muchos a comprender los requerimientos de la ley de Dios. Y la misma luz que revela el verdadero día de reposo, revela también el ministerio de Cristo en el santuario celestial y pone de manifiesto que la última obra en favor de la salvación del hombre se está realizando ahora mismo. Mantened la mente de la gente en tinieblas hasta que esa obra haya terminado, y nos aseguremos el mundo y la iglesia también

El día de reposo es el gran asunto que ha de decidir el destino de las almas. Debemos exaltar el día de descanso que nosotros hemos creado. Hemos logrado que lo acepten tanto los mundanos como los miembros de la iglesia. Ahora hay que inducir a la iglesia a unirse al mundo para apoyarlo. Debemos trabajar por medio de señales y maravillas para cegar sus ojos a la verdad e inducirlos a dejar a un lado la razón y el temor de Dios y a seguir la costumbre y la tradición.

“Yo voy a influir sobre los ministros de las iglesias populares para que desvíen la atención de sus oyentes de los mandamientos de Dios. Lo que las Escrituras afirman que es la perfecta ley de libertad, debe ser presentado como un yugo de servidumbre. La gente acepta las explicaciones de las Escrituras de parte de sus pastores, y no investiga por sí misma. Por lo tanto, al actuar por medio de los ministros, puedo dominar a la gente de acuerdo con mi voluntad.

“Pero nuestra principal preocupación consiste en silenciar a esa secta guardadora del sábado. Debemos suscitar la indignación popular contra ella. Llamaremos a nuestro lado a hombres grandes y sabios, según el mundo, e induciremos a las autoridades a cumplir nuestros propósitos. Entonces el día de descanso que yo he creado será puesto en vigor mediante las leyes más severas y exigentes. Los que no hagan caso de ellas serán expulsados de las ciudades y aldeas y se les hará pasar hambre y privaciones. Cuando dispongamos del poder, mostraremos lo que podemos hacer con los que no quieran abandonar su lealtad a Dios. Indujimos a la Iglesia Romana a castigar con la prisión, la tortura y la muerte a los que se negaron a someterse a sus decretos; y ahora que estamos poniendo a las iglesias protestantes y al mundo en armonía con este brazo derecho de nuestro poder, dispondremos finalmente de una ley para exterminar a todos los que no se sujeten a su autoridad.Cuando la pena de muerte sea el castigo que se aplique por la violación de nuestro día de reposo, se pasarán a nuestro lado muchos de los que ahora se encuentran en las filas de los observadores de los mandamientos.

“Pero antes de recurrir a esas medidas extremas, debemos ejercer toda nuestra sabiduría y sutileza para engañar y entrampar a los que honran el verdadero día de reposo. Podemos separar a muchos de Cristo por medio de la mundanalidad, la concupiscencia y el orgullo. Se considerarán seguros porque creen la verdad, pero la complacencia del apetito o de las bajas pasiones, que confunde el juicio y anula la capacidad de discernir, los hará caer.

“Id, inducid a los poseedores de tierras y dinero a que se embriaguen con los cuidados de esta vida. Presentadles el mundo en su aspecto más atractivo para que depositen aquí su tesoro y pongan sus afectos en las cosas terrenales. Debemos hacer todo lo posible para impedir que los que trabajan en la causa de Dios tengan medios que puedan usar contra nosotros. Mantened el dinero en nuestras propias filas. Mientras más medios obtengan, más daño causarán a nuestro reino arrebatándonos nuestros súbditos. Haced que se preocupen más por el dinero que por la edificación del reino de Cristo y la difusión de las verdades que nosotros odiamos, y no necesitaremos temer su influencia; porque sabemos que toda persona egoísta y codiciosa caerá bajo nuestro poder, y finalmente será separada del pueblo de Dios.

“Por medio de los que tienen apariencia de piedad pero no conocen la eficacia de ella, podemos ganar a muchos que de otra manera nos harían bastante daño. Los que aman los deleites más que a Dios serán nuestros colaboradores más eficaces. Los que pertenecen a esta clase de gente, si son capaces e inteligentes, servirán de cebo para atraer a otros a nuestras trampas. Muchos no tendrán temor de su influencia puesto que profesan la misma fe. De esta manera los induciremos a creer que los requerimientos de Cristo son menos estrictos de lo que una vez creyeron, y que asemejándose al mundo podrán ejercer más influencia sobre los mundanos. Así se separarán de Cristo; entonces no tendrán fuerza para resistir nuestro poder, y antes de mucho estarán dispuestos a ridiculizar el celo y la devoción que tenían antes.

“Hasta que demos el golpe decisivo, deben ser incansables nuestros esfuerzos contra los observadores de los mandamientos. Debemos estar presentes en todas sus reuniones. Nuestra causa sufrirá bastante, especialmente en sus grandes reuniones, y debemos ejercer mucha vigilancia y emplear todas nuestras artes seductoras para impedir que las almas escuchen la verdad y sean impresionadas por ella. 

“Tendré en el terreno, como agentes míos, a hombres que sostengan falsas doctrinas mezcladas con suficiente cantidad de verdad como para engañar a las almas. También tendré incrédulos presentes, que manifestarán dudas con respecto a los mensajes de amonestación que envía el Señor a su iglesia. Si la gente leyera y creyera esas palabras de advertencia, tendríamos poca esperanza de vencerla. Pero si podemos apartar su atención de esas admoniciones, seguirán ignorantes de nuestro poder y astucia, y por fin los retendremos en nuestras filas. Dios no permitirá que se desprecien impunemente sus palabras. Si podemos mantener a las almas engañadas por cierto tiempo, la misericordia de Dios se apartará de ellas, y él nos las entregará para que las dominemos completamente.

“Debemos producir distracción y causar división. Debemos destruir su preocupación por la salvación de sus propias almas, e inducirlos a criticar, a juzgar, y a acusarse y condenarse mutuamente, a albergar egoísmo y enemistad. Por esos pecados Dios nos arrojó de su presencia; y todos los que sigan nuestro ejemplo tendrán una suerte similar”.

Testimonios para la Iglesia

martes, 30 de abril de 2013

El cielo nos está esperando


Como me envió el Padre, así también yo os envío. Juan 20:21




   De los apóstoles está escrito: “Ellos, saliendo, predicaron en todas partes, ayudando les el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían”. Marcos 16:20. Así como Cristo envió a sus discípulos, envía hoy a los miembros de su iglesia. El mismo poder que los apóstoles tuvieron es para ellos. Si desean hacer de Dios su fuerza, él obrará con ellos, y no trabajarán en vano. Comprendan que la obra en la cual están empeñados es una sobre la cual el Señor ha puesto su sello. Dios dijo a Jeremías: “No digas: Soy niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas delante de ellos, porque contigo, estoy para librarte”. Luego el Señor extendió su mano y tocó la boca de su siervo, diciendo: “He aquí he puesto mil palabras en tu boca”. Jeremías 1:7-9. Y nos envía a seguir anunciando las palabras que nos ha dado, sintiendo su toque santo sobre nuestros labios. 

Cristo dio a la iglesia un encargo sagrado. Cada miembro debe ser un medio por el cual Dios pueda comunicar al mundo los tesoros de su gracia, las inescrutables riquezas de Cristo. No hay nada que el Salvador desee tanto como la manifestación del amor del Salvador por medio de los seres humanos. Todo el cielo está esperando a los hombres y las mujeres por medio de los cuales pueda Dios revelar el poder del cristianismo.
La iglesia es la agencia de Dios para la proclamación de la verdad, facultada por él para hacer una obra especial; y si le es leal y obediente a todos sus mandamientos, habitará en ella la excelencia de la gracia divina. Si manifiesta verdadera fidelidad, si honra al Señor Dios de Israel, no habrá poder capaz de resistirle.                            
El celo por Dios y su causa indujo a los discípulos a ser testigos del evangelio con gran poder. ¿No debería semejante celo encender en nuestros corazones la determinación de contar la historia del amor redentor, del Cristo crucificado? Es el privilegio de cada cristiano, no solo esperar, sino apresurar la venida del Salvador.


Maranatha, Ellen G. White

lunes, 29 de abril de 2013

LA CAÍDA DE LUCIFER




En el cielo, antes de su rebelión, Lucifer era un ángel honrado y excelso, cuyo honor seguía al del amado Hijo de Dios. Su semblante, así como el de los demás ángeles, era apacible y denotaba felicidad. Su frente alta y espaciosa indicaba su poderosa inteligencia. Su forma era perfecta; su porte noble y majestuoso. Una luz especial resplandecía sobre su rostro y brillaba a su alrededor con más fulgor y hermosura que en los demás ángeles. Sin embargo, Cristo, el amado Hijo de Dios, tenía la preeminencia sobre todas las huestes angélicas. Era uno con el Padre antes que los ángeles fueran creados. Lucifer tuvo envidia de él y gradualmente asumió la autoridad que le correspondía sólo a Cristo.

El gran Creador convocó a las huestes celestiales para conferir honra especial a su Hijo en presencia de todos los ángeles. Este estaba sentado en el trono con el Padre, con la multitud celestial de santos ángeles reunida a su alrededor. Entonces el Padre hizo saber que había ordenado que Cristo, su Hijo, fuera igual a él; de modo que doquiera estuviese su Hijo, estaría él mismo también. La palabra del Hijo debería obedecerse tan prontamente como la del Padre. Este había sido investido de la autoridad de comandar las huestes angélicas. Debía obrar especialmente en unión con él en el proyecto de creación de la tierra y de todo ser viviente que habría de existir en ella. Ejecutaría su voluntad. No haría nada por sí mismo. La voluntad del Padre se cumpliría en él.

Lucifer estaba envidioso y tenía celos de Jesucristo. No obstante, cuando todos los ángeles se inclinaron ante él para reconocer su supremacía, gran autoridad y derecho de gobernar, se inclinó con ellos, pero su corazón estaba lleno de envidia y odio. Cristo formaba parte del consejo especial de Dios para considerar sus planes, mientras Lucifer los desconocía. No comprendía, ni se le permitía conocer los propósitos de Dios. En cambio Cristo era reconocido como Soberano del Cielo, con poder y autoridad iguales a los de Dios.
 Lucifer creyó que él era favorito en el cielo entre los ángeles. Había sido sumamente exaltado, pero eso no despertó en él ni gratitud ni alabanzas a su Creador. Aspiraba llegar a la altura de Dios mismo. Se glorificaba en su propia exaltación. Sabía que los ángeles lo honraban. Tenía una misión especial que cumplir. Había estado cerca del gran Creador y los persistentes rayos de la gloriosa luz que rodeaban al Dios eterno habían resplandecido especialmente sobre él. Pensó en cómo los ángeles habían obedecido sus órdenes con placentera celeridad. ¿No eran sus vestiduras brillantes y hermosas? ¿Por qué había que honrar a Cristo más que a él?

Salió de la presencia del Padre descontento y
 lleno de envidia contra Jesucristo. Congregó a las huestes angélicas, disimulando sus verdaderos propósitos, y les presentó su tema, que era él mismo. Como quien ha sido agraviado, se refirió a la preferencia que Dios había manifestado hacia Jesús postergándolo a él. Les dijo que de allí en adelante toda la dulce libertad de que habían disfrutado los ángeles llegaría a su fin. ¿Acaso no se les había puesto un gobernador, a quien de allí en adelante debían tributar honor servil? Les declaró que él los había congregado para asegurarles que no soportaría más esa invasión de sus derechos y los de ellos: que nunca más se inclinaría ante Cristo; que tomaría para sí la honra que debiera habérsele conferido, y sería el caudillo de todos los que estuvieran dispuestos a seguirlo y a obedecer su voz.

Hubo discusión entre los ángeles. Lucifer y sus seguidores luchaban para reformar el gobierno de Dios. Estaban descontentos y se sentían infelices porque no podían indagar en su inescrutable sabiduría ni averiguar sus propósitos al exaltar a su Hijo y dotarlo de poder y mando ilimitados. Se rebelaron contra la autoridad del Hijo. 

Los ángeles leales trataron de reconciliar con la voluntad de su Creador a ese poderoso ángel rebelde. Justificaron el acto de Dios al honrar a Cristo, y con poderosos argumentos trataron de convencer a Lucifer de que no tenía entonces menos honra que la que había tenido antes que el Padre proclamara el honor que había conferido a su Hijo. Le mostraron claramente que Cristo era el Hijo de Dios, que existía con él antes que los ángeles fueran creados, y que siempre había estado a la diestra del Padre, sin que su tierna y amorosa autoridad hubiese sido puesta en tela de juicio hasta ese momento; y que no había dado orden alguna que no fuera ejecutada con gozo por la hueste angélica. Argumentaron que el hecho de que Cristo recibiera honores especiales de parte del Padre en presencia de los ángeles no disminuía la honra que Lucifer había recibido hasta entonces.
 Los ángeles lloraron. Ansiosamente intentaron convencerlo de que renunciara a su propósito malvado para someterse a su Creador, pues todo había sido hasta entonces paz y armonía, y ¿qué era lo que podía incitar esa voz rebelde y disidente?

Lucifer no quiso escucharlos. Se apartó entonces de los ángeles leales acusándolos de servilismo. Estos se asombraron al ver que Lucifer tenía éxito en sus esfuerzos por incitar a la rebelión. Les prometió un nuevo gobierno, mejor que el que tenían entonces, en el que todo sería libertad. Muchísimos expresaron su propósito de aceptarlo como su dirigente y comandante en jefe. Cuando vio que sus propuestas tenían éxito, se vanaglorió de que podría llegar a tener a todos los ángeles de su lado, que sería igual a Dios mismo, y su voz llena de autoridad sería escuchada al dar órdenes a toda la hueste celestial. Los ángeles leales le advirtieron nuevamente y le aseguraron cuáles serían las consecuencias si persistía, pues el que había creado a los ángeles tenía poder para despojarlos de toda autoridad y, de una manera señalada, castigar su audacia y su terrible rebelión. ¡Pensar que un ángel se opuso a la ley de Dios que es tan sagrada como él mismo! Exhortaron a los rebeldes a que cerraran sus oídos a los razonamientos engañosos de Lucifer, y le aconsejaron a él y a cuantos habían caído bajo su influencia que volvieran a Dios y confesaran el error de haber permitido siquiera el pensamiento de objetar su autoridad. 

Muchos de los simpatizantes de Lucifer se mostraron dispuestos a escuchar el consejo de los ángeles leales y arrepentirse de su descontento para recobrar la confianza del Padre y su amado Hijo. El poderoso rebelde declaró entonces que conocía la ley de Dios, y que si se sometía a la obediencia servil se lo despojaría de su honra y nunca más se le confiaría su excelsa misión. Les dijo que tanto él como ellos habían ido demasiado lejos como para volver atrás, y que estaba dispuesto a afrontar las consecuencias, pues jamás se postraría para adorar servilmente al Hijo de Dios; que el Señor no los perdonaría, y que tenían que reafirmar su libertad y conquistar por la fuerza el puesto y la autoridad que no se les había concedido voluntariamente.

Los ángeles leales se apresuraron a llegar hasta el Hijo de Dios y le comunicaron lo que ocurría entre los ángeles. Encontraron al Padre en consulta con su amado Hijo para determinar los medios por los cuales, por el bien de los ángeles leales, pondrían fin para siempre a la autoridad que había asumido Satanás. El gran Dios podría haber expulsado inmediatamente del cielo a este archiengañador, pero ese no era su propósito. Daría a los rebeldes una justa oportunidad para que midieran su fuerza con su propio Hijo y sus ángeles leales. En esa batalla cada ángel elegiría su propio bando y lo pondría de manifiesto ante todos. No hubiera sido conveniente permitir que permaneciera en el cielo ninguno de los que se habían unido con Satanás en su rebelión. Habían aprendido la lección de la genuina rebelión contra la inmutable ley de Dios, y eso es irremediable. Si Dios hubiera ejercido su poder para castigar a este jefe rebelde, los ángeles subversivos no se habrían puesto en evidencia; por eso Dios siguió otro camino, pues quería manifestar definidamente a toda la hueste celestial su justicia y su juicio.

Guerra en el cielo

Rebelarse contra el gobierno de Dios era un crimen enorme. Todo el cielo parecía estar en conmoción. Los ángeles se ordenaron en compañías; cada división tenía un ángel comandante al frente. Satanás estaba combatiendo contra la ley de Dios por su ambición de exaltarse a sí mismo y no someterse a la autoridad del Hijo de Dios, el gran comandante celestial.

Se convocó a toda la hueste angélica para que compareciera ante el Padre, a fin de que cada caso quedase decidido. Satanás manifestó con osadía su descontento porque Cristo había sido preferido antes que él. Se puso de pie orgullosamente y sostuvo que debía ser igual a Dios y participar en los concilios con el Padre y comprender sus propósitos. El Señor informó a Satanás que sólo revelaría sus secretos designios a su Hijo, y que requería que toda la familia celestial, incluido Satanás, le rindiera una obediencia absoluta e incuestionable; pero que él (Satanás) había demostrado que no merecía ocupar un lugar en el cielo. Entonces el enemigo señaló con regocijo a sus simpatizantes, que eran cerca de la mitad de los ángeles, y exclamó: “¡Ellos están conmigo! ¿Los expulsarás también y dejarás semejante vacío en el cielo?” Declaró entonces que estaba preparado para hacer frente a la autoridad de Cristo y defender su lugar en el cielo por la fuerza de su poder, fuerza contra fuerza.

Los ángeles buenos lloraron al escuchar las palabras de Satanás y sus alborozadas jactancias.
 Dios afirmó que los rebeldes no podían permanecer más tiempo en el cielo. Ocupaban esa posición elevada y feliz con la condición de obedecer la ley que Dios había dado para gobernar a los seres de inteligencia superior. Pero no se había hecho ninguna provisión para salvar a los que se atrevieran a transgredirla. Satanás se envalentonó en su rebelión y expresó su desprecio por la ley del Creador. No la podía soportar. Afirmó que los ángeles no necesitaban ley y que debían ser libres para seguir su propia voluntad, que siempre los guiaría con rectitud; que la ley era una restricción de su libertad; y que su abolición era uno de los grandes objetivos de su subversión. La condición de los ángeles, según él, debía mejorar. Pero Dios, que había promulgado las leyes y las había hecho iguales a sí mismo, no pensaba así. La felicidad de la hueste angélica dependía de su perfecta obediencia a la ley. Cada cual tenía una tarea especial que cumplir, y hasta el momento cuando Satanás se rebeló, había existido perfecto orden y armonía en las alturas.

Entonces hubo guerra en el cielo.
 El Hijo de Dios, el Príncipe celestial y sus ángeles leales entraron en conflicto con el archirrebelde y los que se le unieron. El Hijo de Dios y los ángeles fieles prevalecieron, y Satanás y sus seguidores fueron expulsados del cielo. Toda la hueste celestial reconoció y adoró al Dios de justicia. Ni un vestigio de rebeldía quedó en el cielo. Todo volvió a ser pacífico y armonioso como antes. Los ángeles lamentaron la suerte de los que habían sido sus compañeros de felicidad y bienaventuranza. El cielo sintió su pérdida. 

El Padre consultó con el Hijo con respecto a la ejecución inmediata de su propósito de crear al hombre para que habitara la tierra. Lo sometería a prueba para verificar su lealtad antes que se lo pudiera considerar eternamente fuera de peligro. Si soportaba la prueba a la cual Dios creía conveniente someterlo, con el tiempo llegaría a ser igual a los ángeles. Tendría el favor de Dios, podría conversar con ellos y éstos con él. Dios no creyó conveniente ponerlos fuera del alcance de la desobediencia.


Extraído de la Historia de la Redencion de Elena de White